miércoles, 16 de diciembre de 2009

El lado inverso del enigma / Jose Reynaldo Oviedo Palomino


La biblioteca virtual Hawansuyo tiene el agrado de presentar el poemario:


EL LADO INVERSO DEL ENIGMA

de José Reynaldo Oviedo Palomino













Presentación / Adolfo Venegas


El lado inverso del enigma es otro enigma. Una pregunta sin soluciones pero con respuestas. La poesía es el camino y las infinitas lecturas del poema las respuestas.

“En realidad es un solo poema con doce estaciones y la expresión de la duda y del enfrentamiento de la ilusión.” Las precedentes palabras son de José Oviedo quien, con toda sencillez, me presentó el poema y la invitación a presentarlo.

Son más de treinta años de amistad los que puedo contabilizar desde que lo conocí. Nos unen las experiencias de la vida universitaria y el hondo sentimiento de buscar lo poético no solo en los poemas, sino en todo lo que la vida brinda y tiene de bueno. En la década de los 70, como estudiantes de Lingüística y Literatura, en las aulas de la Pontificia Universidad Católica, el que menos escribía poesía y algunos nos consagramos a ella.

Ya los epígrafes al poema nos anuncian el misterio: amor e ironía, como requisitos poéticos, límite desde donde parte el inicio de la primera estación:“Bruma en la bruma…”, así empieza. Primero, percibimos la presencia del personaje de la aventura poética, el caballero, primera certidumbre del señorío que requiere el ser humano para avanzar por la vida y, en el inicio de esta estación nocturna, un hallazgo a pesar de la brújula y su persistente testarudez: “todos los nortes son un mismo camino…”. Desde este punto, ya no podemos renunciar al viaje, seamos quienes seamos, porque todos partimos ignorando que hasta el dolor o la fatiga nos dotan de sabiduría.

El adjetivo es como la brújula del sentido de las estaciones en el poema, el acicate del verso de Oviedo. A veces, parece desmesurado, obsesivo, pero el lector se lo agradece ya que en la aventura de la palabra poética todo es descubrimiento, pieza clave entre el ser y la nada, rastro anímico, geográfico, existencial; en suma, es la aventura de un alma en busca de un sentido; de una inteligencia en busca de una razón; de una voluntad que no se rinde ante el dolor y la soledad: ”Buscar “ esa es la clave del poema ”…Ser y no ser / esa es la situación”.

Otro recurso es la enunciación lírica: “Breves han sido los dedos de la aurora / los riachuelos del campo / siempre inéditos / sencillamente cauce / bajan incontenibles y pacientes / enrollan cerros / maniatan la sed y la distancia”. En ellos, lo objetivo, el paisaje, es mostrado pero desde el yo imaginario: la ficción de lo poético puede presentar la realidad, pero al hacerlo humaniza lo inanimado: el mundo exterior se convierte en una cárcel de nostalgia. De pronto, “…al sumergir el rostro / constata la fugacidad presente: / largos filos entornan su vejez plateada / remembra torneos y aventuras / los hábitos corteses / los corazones transidos / por la espada / por el canto / esa rara sensación de ser príncipe y odiado /todo se resume en algo raro / uno y nada: cadáver de aventura.”

Hay en estos versos historia y suspenso hasta el clímax de la conciencia del
tiempo. Sin embargo, todo eso se da en una suave melodía evocadora
de tiempos remotos: la edad media, una historia a veces ensombrecida
entre dos edades áureas. En el poema, el tiempo anterior y el presente
son como el renacimiento, un volver a nacer para tener conciencia de la
muerte como presente. En la poesía peruana contemporánea, el paisaje
creado por Oviedo es cercano a alguno de los poemas de Eguren. Pienso en
“La abadía”: “En el fondo del convento / lloran, lloran, los maitines /
con profundo sentimiento / son los monjes paladines / que olvidaron los
amores / y las justas y festines / palaciegos, trovadores/ fueron …”.

La evocación por la música de las palabras tanto en Oviedo como en
Eguren, el simbolismo, la sugerencia son también conceptos; como diría Pound
“danza de ideas en las palabras”, logopoiesis en doce cantos.

Asimismo, a través de metáforas y símiles, antítesis interrogativas, apóstrofes líricos, Oviedo nos conduce por una senda donde sufrimos y nos admiramos como el yo de su poema:” ¡Ah, qué misterio de extrañezas!/ ¡Qué senderos cincelados por la bruma!/ ¡Qué tremenda soledad asida al tiempo!/ ¡Cuán ilusorio el persistente canto!”.

¡Todo ha sido interrogado, expurgado, descrito, imaginado! Sin embargo, “…al
final del ensueño / negar y re-nacer / esa es la actitud.”

¿Qué más podría yo añadir como lector entendido en enigmas? Desde aquí saludo y felicito a Oviedo por dejarnos deambular en su místico camino.

Adolfo Venegas J.
Piura, 8 de marzo del 2008




La poesía como el amor se nutre del misterio.
Desentrañar, ese es su destino. Ante ella el enigma se
debilita y al mismo tiempo se ahonda. Con ella, el orden
del universo se manifiesta en su sacralidad más tremenda.
Más allá del todo y más cerca de su negación, la
poesía es una ascesis, un camino de purificación: el
encuentro con lo propio e inalterable de sí mismo: un qué
no comprendido, quizá avizorado e inexplicablemente
pétreo.
Sentir que la vida fluye en el silencio, que apagada la
palabra se enciende la hoguera del sentido y concluido
el canto se renueva la armonía, otorga vuelo a esa voz
siempre lacerada, dulcemente herida y finalmente negada.
Dejo entonces un enigma .... un camino de azafrán ...
sólo el tránsito.


Poor soul, the centre of my sinful earth
Shakespeare

Sin la virtud y la ironía
¿qué pensaría?
Eguren

O ma pauvre Muse: est-ce toi?
Nerval

De l’eternel azur la sereine ironie
Mallarmé

¿Por qué me ocultas tu mirada?
¿Tan alejado estoy de ti “mirabilia”?



EL LADO INVERSO DEL ENIGMA


I

Bruma en la bruma
inhalando nortes desusados
desciende el caballero inquieto
bastardo en abismos
pisando la dorada sien
de los ciegos cortes de la noche.

Vida al filo
muerte al paso
sendero de invisibles hondonadas
hiere la niebla
equivocando la vieja y testaruda brújula:
todos los nortes son un mismo camino
corazón y escarnio
pérdida y desesperanza
húmedos ojos de salada angustia
rodilla enrojecida
boca agujereada
rojiza vestimenta de mejillas.

Buscar
siempre anhelar vacilando
en la mirada
la cuesta
la rodada
en la desmesurada mesura de la noche.


II

Ansiado de nubes
observa la maraña inquieta:
todo bulle
se impone irracional
ubica su fuerza en la quimera y
abrigado en la caída con la piel de la nostalgia
entona el himno del equilibrista:

ser o no ser
ese es el dilema
ser y no ser
esa es la situación.


III

Breves han sido los dedos de la aurora
los riachuelos del campo
siempre inéditos
sencillamente cauce
bajan incontenibles y pacientes
enrollan cerros
maniatan la sed y la distancia.

Bebe el caballero
moja sus barbas y
al sumergir el rostro
constata la fugacidad presente:
largos filos entornan su vejez plateada
remembra torneos y aventuras
los hábitos corteses
los corazones transidos
por la espada
por el canto
esa rara sensación de ser príncipe y odiado
todo se resume en algo raro
uno y nada: cadáver de aventura.

Solitario en pensamientos
avanza
cubre su espalda el carcaj
de sí mismo olvidado
hurtado al enemigo tiempo
deshilachado aéreo de sienes y
en memoria ya avistado
úrgele su lengua arpía
algo se hiende en su calado pecho
conmueve su entraña con perverso aliento:

¿Qué de ti, muerte?
¡de ti desesperanza?
¡Qué de ti árbol
fluyente río
tierra madre
mayúsculo crepúsculo?

¿Qué de ti uni-verso
día ciego por la noche
féretro mordido por estrella en coche?

¿Qué de ti montaña pétrea
enigma
solo huerto de misterio etéreo
maniobra al infinito
mapa de camino ajeno?

¿Qué de ti mundo
hoy
tú mismo
mañana sismo?

¿Qué de ti dios mismo
idea ahora sólo idea
ideología atea?

¡Ah, qué misterio de extrañezas!
¡Qué senderos cincelados por la bruma!
¡Qué tremenda soledad asida al tiempo!
¡Cuán ilusorio el persistente canto!


IV

Miserable
bienamado
perdido navegante de miradas
transido del dolor que rinde los muros en entrañas vigorosos y
sometido por la búsqueda del lado inverso del enigma
desafiante es su faz ante el misterio.

Uránico
copioso en frustraciones
añorante
mira las nubes sombreadoras de la luna
pide a lo incierto una razón
una línea
una voz
una estrella, en fin
un engaño.

No obstante
cantos siniestros lo han cegado
lo suficiente lo ha pintado claro y
ha quedado en él
ese estoico sabor
de huevo podrido por el tiempo.


V

Viejo y cansado candil
le hace recobrar el tiempo
a él dirige su mirada:
torpe
de decisión privado
busca la ruta de la luz que afronta
arriba exhausto.

¡Oh tú
sombra
noche tibia de almendro deshojado
baile irónico de irónicas siluetas
imitación inversa del misterio
en ti resumes la nostalgia de lo eterno
el cálido anuncio del alumbramiento
los vientos taciturnos del aún nuboso canto!

¡Oh tú
sombra
luz camuflada en los reveses del misterio
frente a ti
sombra primero
después sombra
siempre noche en el tiempo anochecida!


VI

Al amparo de un alado abeto
hecha su espalda al fino tronco avejentado
descansa el fatigado caballero
sus brazos
largos son
solemnes.

De mil rostros sembrado ya el crepúsculo
lentamente respira
acompasado ...
su mente
árbol es flechado al cielo
bosques
oscuridad maligna
luces repentinas
melifluas cadencias
río cuyo cauce envuelve.

Sumérgese y
pasajero de vagón acuoso
abandonado al repentino íter
piedra es
chispa
acuoso viento
azulado encuentro
dulce golpe
fúnebre desliz
temor
retorno inesperado
bosque y
árbol nuevamente
gran laguna
suspensión

cero involuntario.


VII

Lentos
pacientes
descansados por ajenos a sí mismos
densos como miel de Arabia
allí están
cual cincel arromado
penetrantes.
Esos ojos asomados
repentina y pertinaz imagen
el río horadan en aguas suspendido.
Esas aguas
nido son
simiente de sorpresas
mansión de vivencial silencio.

Y allí
en esa ausencia del sustancial espacio
esos ojos
océano igualmente son
laguna andina
fuerte y calmo viento
madura fuente de virtuales sendas
cero y axis
dulce voz
mudez cantante
eco sin eco vacilante.

E iniciado aquel melódico discurso
de ese ser que no es él sino sí mismo
no sus palabras mas sus gestos
no sus gestos mas sus sombras
no su sombra ni su ser
no él sino sí mismo
su tremendo no de él mismo
su clara reversión es la que muda
y traicionera lo delata.
Y ante esos propios ojos
desnúdase de miedo.

Crujido cual ardiente astilla
ignorante supino
arrincona peregrino su sustancia:
¿qué preferir?
¡la rosa o el violín?
¡el silencio molesto del desván?
¡Brama el caballero:
Ahora quiero pan!


VIII

Larga y silenciosa
extiéndese la mano
coge la taza honda de vacío amaderada
y así
hueco el hueco
ausente de llenura
la ofrece.

Ojos infelices delatan al cansado caballero
¿es burla o fiebrería?
Los alza fieros y
levantado el puño
retiene el argumento.
Avolcanado el rostro
erizado de sangre y sudado de estulticia
minusválido de voces
bufa
presiona diente y paladares
estremece las lagunas impotentes de sus ojos
gotas de plata trasuntan su cetrino rostro
perlas son
cansadas si no agrias ...

débil de cimientos
trema al aire su columna enhiesta y
cruje el piso a su rodilla airada
las perlas
barro son
cansado
¡tremendo revés de la bravura!


IX


todo es no es
ese caballero abyecto
hundido hasta el exterminio de sus nudos
yace
revuelto barro de penurias.
Sólo sus ojos revelan la paciencia de su canto
reflejando el límpido color de sus nidos invisibles
aquella búsqueda del melódico y armónico recurso
voz que oculta se abre camino en cada paso:

¡No
no es en las páginas terriblemente secas del misterio
ni en las palabras dormidas del maestro
ni en el lento y melodioso sentido del precepto!

¡Tampoco en la lección siempre pasmada del pasado
ni allá ni acá
ni en el día ni en las sombras
ni el compás de los círculos perfectos
el trío de los ángulos
ni la imagen imperfecta de la luz!

¡No
allí
allí no está
no
no está!
¡Está donde su no, no no está!

¡Ah mundo de reveses —brama—
oculta negación oculta
brecha oracular en el abrazo de la madre tierra
nudo presumido
de ese decrépito asidero en basural umbroso
carga incontenible y subsumida de lo eterno!
¡Cuándo
cuándo,
lejano,
miraré tus antros
compadecido de las negras nubes
que ocultan la cima de tus montes?

Abatido
involuntario huésped de derrotas presumidas
iérguese el gallardo caballero
oteando el horizonte coloreado de inminencias
entiende que si no afronta el misterio
morirá
enterrará las cifras que raído lo estremecen
merodeará nuevamente la locura:
ese ahora
el siempre incógnito presente
lo devorará con su bostezo cavernoso.

Nada es
No eres ni persona ni ser
ni ser ni no-ser
voz ni silencio
ni espacio y tampoco pintura
ni sustancia y no-sombra
¡Qué clara la evidencia y,
sin embargo,
qué oscura
fétida
cuán transida de pálpito incoloro!


X

¡Ah, nube mensajera
lluvia perenne aún ausente
vertido dejas tu canto en mi rostro acongojado
bajas a los montes y enmudeces
tragas la luz al perfumar la tierra y
cual portadora de uránico designio
retrasas la hierogamia inevitable.
¿Qué flor obtendré de tu sonrisa diluida?
¡Decide de una vez
el destino de tu fertilizadora fuente!


XI

Qué lento se sucede el tiempo
mientras el espíritu de injurias maltratado
se estremece en débil arrebato
ante la espada hiriente del ignorado sino
y encendida en ardores
penetra la palabra lacerante y carcome
sutil en desventuras
ese recinto que allanado
resume solo ya abrumado,
en él
cada paso del tiempo conspirante
enseñorea el dolor hasta la estupidez
hasta la misma e irónica miseria.


XII

Clavados los pies sobre la tierra
hay demandas en su rostro
la esperanza de la lluvia lo atormenta
ese pesar luminoso se cierne en él cual rehén liberador
en ese ahora inevitable:

Acoger el dolor aun con rabia
esa es la ley
Extraer la flecha e ignorar al arquero
esa es la norma
Surcar la huella de la herida
sorber la sangre del amigo envenenado
exhalar para vivirlo
ese es el devenir
luego
al final del ensueño
negar y re-nacer
esa es la actitud.

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